martes, 17 de febrero de 2015

Gulliver tango

Cuando yo nací en 1961 eran muy pocas las personas que bailaban tango en Buenos Aires porque después de haber sido censurada su poesía y disuelta la gran mayoría de las grandes orquestas sólo unos pocos fervorosos bailarines de juntaban en algunos clubes o recordaban los más viejos bailando su gloriosa fiebre de juventud en las fiestas familiares.

Así, la primera vez que entré a una milonga fue en 1994, en Cochabamba,  porque esa noche un amigo tocaba la trompeta como invitado, ahí sin saber quiénes eran vi bailar a Tete y María, y me enamoré también del tango sin saberlo todavía. 

Ya en el año 15 de lo que va del tercer milenio dC, se baila tango hasta en el polo norte, y en Argentina especialmente las fuerzas gubernamentales que en otro tiempo perseguían a sus seguidores y menospreciaban el género tanto como a los intelectuales que lo cultivaron, ahora destinan espacio, tiempo y dinero a la producción de eventos masivos que serán retribuidos en adherencia y votos para la campaña electoral. El tango es una ola.

Lo que está en juego es el encanto, el abrazo, la música, el encuentro; se ha perdido un poco la importancia de la mirada y se esquiva un poco el meollo del cabeceo, pero hay una generación que pisa fuerte bailando el tango hasta que salga el sol y muchas veces llegue alto.


Gulliver tango es una toma panorámica de una emoción en movimiento, todos esos cuerpitos perfumados salen de sus casas y se juntan para bailar a la luz de unas bombitas y al compás de esa musiquita, armazones de sueño que también se pueden manipular.



When I was born in 1961 there were very few people dancing tango in Buenos Aires because after having censured it's poetry and dissolved the majority of the great orchestras only a few fervent dancers gathered in some clubs or the older remembered dancing their feverish glorious youth at family parties.

So the first time I went to a milonga was in 1994 in Cochabamba, because that night a friend played the trumpet as a guest there; without knowing who they were I saw Tete and Maria dancing, and without knowing  it yet I also fell in love with tango.

So, already in the fifteenth year of this third millennium A.C., tango is danced even at the North Pole, and in  Argentina, especially the government forces who once persecuted its followers and despised the genre as much as the intellectuals who cultivated it, now allocate space, time and money to produce massive events which will be paid in adhesion and votes for the election campaign. Tango is a big wave.

What is at stake is the charm, the embrace, the music, the getting together; some of the importance of the gaze has been lost and core pitching dodged, a little, but there is a generation that stomps hard dancing the tango until the sun comes out loud and shines high.

Gulliver tango is a panoramic scene of an emotion in motion, all those little scented bodies leave their homes and gather to dance to light bulbs and the beat of that musiquita; frames of dreams can also be manipulated.


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